viernes, 17 de diciembre de 2010

AUDACIA. AQUILES.

Cuando hablamos de audacia en general nos referimos a:
valiente, que no tiene miedo de hacer cosas nuevas, que rompe las reglas, que es poco común.

Y descubrimos que el término está intimamente vinculado con la mitología y uno de los grandes personajes, AQUILES.

Aquiles simboliza el ímpetu de la juventud y personifica el ideal de la amistad siendo el más importante de los héroes griegos de la guerra de Troya: joven ardoroso fuerte, su carácter es esencialmente belicoso. Frente a Ulises, que es su opuesto en carácter debido a que simboliza la astucia y la inteligencia pragmática, Aquiles personifica el ímpetu y la audacia espontánea.






AHORA BIEN.
EN LA VIDA DE CADA SER HUMANO...
Hay variantes en la audacia.
Hacemos uso de ella?
Somos prudentes, temerosos?

Por ejemplo:

La vida de Georges Bataille es una gran parábola de la filosofía francesa del siglo XX. Es la historia de cómo la mayor forma de racionalidad debe, necesariamente, perderse o borrarse para alcanzar su mejor forma. De alguna manera, el programa filosófico de Bataille es el muestrario de la apertura de la razón hacia la constatación de nuestra animalidad, para terminar, en definitiva, en la condición de posibilidad de una biopolítica contemporánea.


Bataille, según él, el género humano es el único que puede hacer de su actividad sexual erotismo, porque a diferencia de los animales, tiene actividad sexual sin que necesariamente medie el fin de procrear. 
Más allá – o más acá, según se vea- del erotismo de los cuerpos, está lo que Bataille llama el erotismo de los corazones, cualitativamente más sagrado, ese ardiente y pasional erotismo donde el ser amado… donde no se escapa, donde los seres en su discontinuidad se abren a la experiencia de la continuidad en el extásis, jugando así con los límites del ser.
Bataille parte de que en el erotismo hay un interdicto inicial, una prohibición que lo fundamenta.
Con respecto a la actividad sexual el interdicto se aplica a la desnudez, principalmente del pene en erección, así como también el ocultarse para el acoplamiento sexual. La voz del interdicto sería: no hay libertad sexual.
El erotismo suele rayar en lo obsceno; dice Bataille que ello se basa en la desposesión de los cuerpos durante el acto amoroso, en el estado de desarreglo en el que los cuerpos se hallan, en esa vorágine que se inicia con un primer movimiento que sería el de la desnudez. Lo obsceno, contrario al pudor, es aquello que se desnuda.

El Matrimonio y la Regularidad Erótica.-

El matrimonio o las relaciones similares tienen en la mirilla el cuestionamiento con respecto a su estatuto de erótico o no erótico, pues si pensamos al erotismo como imbuído de frenesí, de pasión por exceder los límites, el matrimonio suele posicionarse del otro lado, de la cotidianeidad, de la mesura. Las relaciones estables o duraderas, que comparten, además de lo sexual, quehaceres, responsabilidades o ciertas normas, crean un hábito en los encuentros amorosos. La repetición del acto sexual con la misma persona es lo que lleva al hábito, y el hábito en el matrimonio, aunado a la experiencia de poco peligro, la intensidad apaciguada, la inocencia o la falta de un cuerpo nuevo, pueden llegar a sacrificar el placer, habría que recordar que si hay una conciliación con el interdicto, si éste no se transgrede, ya estamos en el mundo del trabajo y la razón, no del erotismo. Sin embargo – y aquí está la paradoja- es también en el hábito, donde la intimidad se gesta, permitiendo la posibilidad de un placer más variado, más profundo. En el hábito el erotismo se expande, el placer se abre a una gama de experimentaciones, que no se logra cuando no hay un grado tal de intimidad. En la novedad y el cambio se vive la gran intensidad, la impaciencia, la aprehensión, pero el tacto se vuelve superficial dice Bataille, en la irregularidad, en lo cambiante el movimiento es rápido, “y a menudo el placer esperado se escamotea”. 








Objeto del Erotismo, Muerte y Goce.-

¿El erotismo tiene un objeto?, si partimos de que Bataille plantea como el sentido último del erotismo a la fusión, la continuidad y la supresión de límites, ¿cómo concebir un objeto del erotismo?. Puesto que un objeto está limitado, ¿cómo se le concilia?. En el erotismo la discontinuidad no está condenada, sino sólo trastornada, porque se juega un poco a morir, vivir tanto que no se pueda morir, morir sin cesar de vivir, un vivir perturbador que es el extremo de la vida. El erotismo situado entre la vida y la muerte, también aplica al momento orgásmico. El campo en el que se juega el erotismo es siempre el de la violencia. El erotismo es un pasaje tortuoso, una alternancia perenne entre los polos de la vida y la muerte, lo bello y lo horrendo, la bondad y la maldad, lo dulce y lo violento. En el erotismo se compromete siempre la historia y el cuerpo, la infancia y el hic et nunc. En la experiencia erótica las paradojas se multiplican y sabemos que el inconsciente es el reino de las paradojas y de la contradicción. Es pues el erotismo una vía que expresa al inconsciente, más aún, muestra esa parte que no puede ser dicha porque se halla justamente colindando con el orden del goce, y del goce ¿quién puede hablar del goce? Lacan dice: “Problema del goce en tanto que este se presenta como envuelto en un campo central, con caracteres de inaccesibilidad, de obscuridad y de opacidad, en un campo rodeado por una barrera que vuelve su acceso al sujeto más que difícil, inaccesible quizás…” (Lacan, Jacques “El Seminario La Etica del Psicoanálisis” Pp 253).-


SIGUE.......



sábado, 11 de diciembre de 2010

YO


Por Héctor Abad Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. 
A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido.Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistasincorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden. 
La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias). 
A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevasno se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian mássaben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos. 
Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo. 
Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso. 
Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas.. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.   
¡Vamos hombres, por esas mujeres bravas!  
Oro por que mis 2 hijas sean de éste maravilloso grupo y encuentren hombres que sepan apreciar a esta clase de nuevas mujeres !!!

La Realidad es una Ilusión (1 de 2)



 Validez de los conceptos. El nivel más elemental de la utilización de la razón es el de los conceptos: son los depositarios de los significados mediante los que describimos las propiedades de las cosas. La filosofía ha considerado siempre que la realidad puede representarse correctamente mediante conceptos, que éstos reflejan la realidad, y que las relaciones entre los conceptos son capaces de representar las relaciones entre las cosas. Para ello, y de modo más o menos explícito, aspiró a la definición precisa de cada término, al rigor en el uso de las palabras y a su aplicación unívoca y no metafórica. Consideraba que entender una realidad es subsumirla en un concepto, es disponer de un concepto para comprenderla. Cuando utilizamos la palabra “árbol” en un sentido no metafórico (por ejemplo, para hablar tanto de los pinos como de los manzanos) suponemos que en lo que llamamos pino están presentes también las cualidades fundamentales descritas con dicha palabra, y que en lo que llamamos manzano están presentes también las mismas cualidades. Pero si son dos cosas distintas esto que llamo manzano y esto que llamo pino ¿cómo es posible que también sean iguales? La tradición filosófica resolvía este problema indicando que en ambos, el manzano y el pino, encontramos dos formas de ser: la esencia o conjunto de propiedades básicas, presentes también en otras entidades individuales (en este caso, en todas que reciben el nombre de árbol), y los rasgos accidentales que dan lugar a las diferencias entre individuos de un mismo género. Pero, ¿qué podríamos pensar si considerásemos que no existen las esencias, si creyésemos que en la realidad no hay nada que sea absolutamente idéntico entre dos objetos?; y más aún, ¿qué podríamos pensar si considerásemos que ni siquiera un objeto es idéntico a sí mismo puesto que cambia, aunque tal vez de forma imperceptible, a lo largo del tiempo? Ésta es precisamente la tesis de Nietzsche: en el mundo no existen esencias, no existe un rasgo (o varios rasgos) que se encuentre en todos y cada uno de los individuos; ni siquiera existen los objetos, pues la identidad que nosotros les atribuimos, su ser los mismos con el paso del tiempo, es una consecuencia de nuestro modo substancialista de representarnos la realidad. Como dice en “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”, formamos los conceptos de las cosas al abandonar las diferencias individuales, las notas distintivas. Dada esta creencia, que el propio Nietzsche reconoce heracliteana, no es extraño que para este filósofo el pensamiento conceptual no sea un buen recurso para expresar la realidad. No es posible que la misma palabra sirva para referirnos adecuadamente a dos cosas distintas, porque si cubre adecuadamente la realidad de una de ellas no puede cubrir también la de la segunda, ya que la primera es inevitablemente distinta de la segunda (puesto que no existen las esencias o las realidades universales presentes en varios objetos). Recordemos las diferencias entre el uso unívoco, equívoco y análogo de una palabra: una palabra se usa de forma unívoca para referirse a dos objetos cuando la utilizamos exactamente con el mismo significado en los dos casos, cuando los significados fundamentales que se incluyen en ella se los atribuimos a los dos objetos, como cuando decimos que la figura que llamamos isósceles es un triángulo y la que llamamos equilátero es un triángulo; la usamos de modo equívoco cuando la utilizamos con significados distintos, cuando la predicamos de dos cosas sin que tengan un significado común (gato como animal y gato como una máquina para levantar pesos a poca altura); finalmente, una palabra se usa de un modo análogo o metafórico cuando no la utilizamos con su significado propio sino en parte distinto y en parte igual, como cuando Descartes utiliza la metáfora del árbol para referirse a la totalidad de los saberes humanos y a sus relaciones. Los significados de las palabras describen las propiedades de las cosas; de este modo, el uso unívoco de las palabras supone que dos cosas distintas deben tener las mismas propiedades, el uso análogo o metafórico en parte las mismas y en parte distintas, y el equívoco ninguna propiedad en común. La idea de la realidad que tiene Nietzsche induce a pensar que no podemos utilizar las palabras de un modo unívoco; lo más que concede Nietzsche es el uso análogo o metafórico del lenguaje: la metáfora es mejor modo de captar la realidad que el concepto preciso pues la metáfora implica desigualdad entre los objetos, no presenta significados sino que los sugiere, deja abierta la posibilidad al oyente o lector de que él mismo complete el significado a partir de su propia experiencia del mundo. Por esta razón, es perfectamente comprensible el estilo que emplea Nietzsche para expresar sus ideas filosóficas: no demuestra ni argumenta pues no cree en la demostración, no expone sistemáticamente su filosofía pues no cree que el mundo sea un sistema o totalidad ordenada, no emplea con precisión ni rigor los conceptos, emplea la sugerencia, la metáfora, el aforismo. Para Nietzsche, el arte es un medio más adecuado de expresar el mundo que la filosofía.
2. Objetividad de la lógica: las leyes de la razón son también leyes del mundo. Este principio es también común a toda la filosofía tradicional, aunque interpretado en términos radicales por las corrientes racionalistas y en términos más moderados por las de orientación empirista. Los principios básicos a los que se somete la razón cuando ésta se utiliza adecuadamente (la lógica), son también los principios básicos de la realidad. Por ejemplo, si queremos ser racionales, y asegurarnos el conocimiento del mundo, debemos evitar la contradicción, y esto es así porque el principio lógico fundamental (dos proposiciones contradictorias no pueden ser ambas verdaderas) es expresión de un principio que determina la realidad misma: la realidad no es contradictoria, un objeto no puede poseer predicados contradictorios (no podemos aceptar como verdaderas las proposiciones “la mesa es negra” y “la mesa no es negra”, porque la mesa o es negra o no es negra). Frente a este punto de vista, Nietzsche afirma el carácter irracional del mundo: la lógica, la razón son invenciones humanas, “no nos es posible afirmar y negar una misma cosa; se trata de un principio de experiencia subjetiva que no expresa una “necesidad”, sino simplemente una incapacidad”, las cosas no se someten a regularidad alguna, el mundo es la totalidad de realidades cambiantes, esencialmente distintas unas a otras, y acogen en su interior la contradicción. De nuevo, la metafísica tradicional pudo defender su punto de vista porque creyó en la existencia de un Mundo Verdadero (explícitamente Platón reconoce que sólo la existencia del mundo de las Ideas, de un mundo eterno y absoluto, garantiza la superación definitiva del relativismo). Si negamos la existencia de dicho mundo, como nos propone Nietzsche, parece inevitable declarar la irracionalidad de lo existente.
3. Objetividad del conocimiento: gran parte de la tradición filosófica creyó posible alcanzar un conocimiento verdadero de la realidad, conocimiento que debería ser el mismo para todo aquél que pensase adecuadamente. La filosofía tradicional confiaba en la posibilidad de utilizar la razón desprendida de cualquier motivación personal distinta a la de la propia pasión por la verdad, de cualquier elemento subjetivo que pudiera afectar a su imparcialidad; en definitiva, creyó posible un conocimiento objetivo del mundo. Nietzsche considera que la confianza en la posibilidad de este tipo de conocimiento descansa en una creencia aún más básica, la creencia en algún tipo de realidad absoluta (el Mundo de las Ideas de Platón o el Dios cristiano); sin embargo si esta realidad absoluta es una construcción de la fantasía humana, si realmente Dios no existe, la confianza en este tipo de conocimiento carece de sentido. Si aún queremos hablar de conocimiento, concluye Nietzsche, debemos aceptar su carácter relativo, subjetivo; todo el conocimiento humano es mera interpretación del mundo, depende de la perspectiva vital en la que se encuentra el individuo que lo crea

domingo, 5 de diciembre de 2010

16-07-2010. Mujer, Inmigración y Religión.



Un tema que no es ajeno ni a mujeres ni a hombres.

OSHO, UNA MIRADA SOBRE LA MUERTE

Osho - En la vida no hay nada seguro excepto la muerte (Tomado de El Libro de los Secretos)
Mensaje 
En segundo lugar, la muerte no se va a producir finalmente; ya se está produciendo. Es un proceso. Tal como la vida es un proceso, la muerte es un proceso. Creamos el ahora, pero la vida y la muerte son simplemente tus dos pies, tus dos piernas. La vida y la muerte son ambas un proceso. Tú estás muriendo a cada momento.

Déjame ponértelo de esta manera: cada vez que inhalas eso es vida, y cada vez que exhalas, eso es muerte.

Durante quince minutos, exhala profundamente. Siéntate en una silla o en el suelo, exhala profundamente y, al exhalar cierra los ojos. Cuando el aire salga, tú entras. Y, luego, deja que el cuerpo inhale, y cuando el aire penetre, abre los ojos y sal. Es justamente lo contrario: cuando el aire sale, tú entras; cuando el aire entra, tú sales.

Cuando exhalas, se crea espacio interiormente, porque la repiración es vida. Cuando exhalas profundamente estás vacío, la vida ha salido. En cierta forma estás muerto, por un momento estás muerto. En ese silencio de la muerte ve hacia adentro. El aire se mueve hacia fuera: cierra los ojos y ve hacia adentro. El espacio está allí y tú puedes ir fácilmente. En el término de quince minutos te sentirás tan profundamente relajado que estarás listo para practicar la técnica.

Recuéstate boca arriba. Primero imagínate que estás muerto; el cuerpo es como un cadáver. Recuéstate y entonces lleva tu atención a los dedos de los pies. Con los ojos cerrados ve hacia adentro. Lleva tu atención a los dedos de los pies y siente que el fuego está subiendo desde allí hacia arriba; todo se está quemando. A medida que el fuego sube, tu cuerpo va desapareciendo. Empieza por los dedos de los pies y ve subiendo.

¿Por qué se empieza por los pies? Será más fácil, porque los dedos de los pies están muy lejos de tu yo, de tu ego. Tu ego existe en la cabeza. No puedes empezar por la cabeza, será muy difícil, así que empieza desde un punto muy lejano. Los dedos de los pies son el punto más alejado del ego. Empieza a arder desde allí. Siente que los dedos de los pies se queman, solo quedan cenizas y luego desplázate lentamente, quemando todo lo que el fuego encuentra. Cada parte, las piernas, los muslos, desaparecerán. Y continúa mirando que se han convertido en cenizas. El fuego sube hacia arriba y las partes que ha recorrido ya no están, se han convertido en cenizas. Sigue hacia arriba y, finalmente, la cabeza desaparece. Todo se ha convertido...el polvo se ha convertido en polvo.

Tú seguirás siendo simplemente el testigo en la colina. El cuerpo estará allí, muerto, quemado, en cenizas, y tú serás el observador, tú serás el testigo. Ese testigo no tiene ego.

Esta técnica te llevará por lo menos tres meses. Continúa practicándola. No va a suceder en un día, pero un día verás realmente el cuerpo reducido a cenizas. Entonces puedes observar.

OSHO Los 10 Mandamientos (en español)

Krishnamurti - La muerte psicológica



Sobre la muerte.
El punto al que todos nos dirigimos.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Albert Camus: “La Caída” / “La Chute”

“La verdad, como la luz, ciega. La mentira, en cambio, es un hermoso crepúsculo que realza el valor de cada objeto” (IBD. Camus).
La obra literaria y filosófica de Albert Camus sirvió de orientación ética y de estímulo intelectual a la generación europea llegada a la madurez tras la Segunda Guerra Mundial y marcada por los horrores y sufrimientos de la contienda. Albert Camus reflejó en “La Caída” la desesperación del hombre contemporáneo, condenado a vivir en un mundo dominado por el absurdo y forzado a descubrir, tras las ilusiones de la felicidad y la virtud, la dureza inclemente de una realidad hostil.
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Johannes Vermeer  El astrónomo. 1668.-
Jean Baptiste, el protagonista de La Caída de Albert Camus, se describe a sí mismo. Define su profesión como la de un juez penitente (abogado), que defiende principalmente a viudas y huérfanos y no cobraba a los pobres. En el momento en el que está narrando la historia, ya no tiene dinero, pero cuenta que en su juventud poseyó grandes riquezas. Como abogado, era honrado y siempre estaba del lado bueno. Era también artista y deportista, generoso, educado y muy bondadoso. Siempre aspira a ser un hombre de honor, completo y respetado. Es un personaje al que cuesta mucho trabajo entender, pues a veces cambia de opinión y sus reflexiones, anécdotas y vida entera dan el perfil del hombre contemporáneo. Al principio de la novela, se puede creer que Jean Baptiste no cree en Dios ni tiene religión alguna, pero conforme avanza la historia (más por el final), se puede percibir que sí cree en una fuerza divina. Llega a hablar con Dios para defenderse y/o excusarse de algunas cosas. No cuestiona la existencia de Dios, sino su efectividad para con los hombres y cree que Dios no es el que castiga, sino que son los hombres los que lo hacen.  
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TAQUITO MILITAR.WMV

Ciencia del sex appeal - El olor del sex appeal

Ciencia del sex appeal - Proporción áurea

Fractals with Chi Mai (Ennio Morricone)

PROPORCION AUREA

LA PROPORCIÓN AÚREA A LO LARGO DE LA HISTORIA DEL ARTE




NEOPLASTICISMO: MONDRIAN

 

A LA DIVINA PROPORCIÓN

A ti, maravillosa disciplina, media,
extrema razón de la hermosura,
que claramente acata la clausura
viva en la malla de tu ley divina.
A ti, cárcel feliz de la retina,

áurea sección, celeste cuadratura,
misteriosa fontana de mesura
que el Universo armónico origina.
A ti, mar de los sueños, angulares,

flor de las cinco formas regulares,
dodecaedro azul, arco sonoro.
Luces por alas un compás ardiente.
Tu canto es una esfera transparente.
A ti, divina proporción de oro.

RAFAEL ALBERTI